La importancia de los valores institucionales y la Bioética por Ana María Millán Velázquez

La bioética ha tenido un gran desarrollo en los últimos años, principalmente en el ámbito de la salud y en el académico. Por su aplicación se considera multidisciplinar y transdisciplinar, ya que se relaciona con otras disciplinas, además de vincularse con la ciencia y la tecnología, con los problemas sociales, ambientales y en políticas públicas en salud. Como afirma León Correa, el objetivo actual de las instituciones de salud es vigilar y promover el compromiso de respeto a los derechos de los pacientes, pero mucho de los problemas ético-clínicos no provienen directamente de la relación profesional y el paciente, sino también de otros factores importantes, como son los problemas institucionales y los problemas éticos planteados por las políticas y sistemas de salud (Hincapié, J. y Medina, M., 2019). 

La bioética,  trata del estudio sistemático de la conducta humana en el ámbito de las ciencias de la vida y de la salud (Mescua,976), pero también debe promover la ética institucional, social y de políticas públicas en salud, para poder afrontar las necesidades y exigencias de la sociedad y poder adecuar las relaciones en el sistema de salud (León 2009), lo anterior para resolver los problemas prácticos con un sentido humanitario, ético, moral y político, en torno a la vida de los seres humanos y de su medio ambiente. Además de fomentar y promover los derechos humanos fundamentales, en especial el derecho a la vida y a la salud, y del análisis de las prácticas de justicia en la asignación de los recursos, para ayudar al desarrollo de un debate multidisciplinario sobre el papel de la ética en las instituciones de salud. Adela Cortina menciona que un profesional de la salud no es solo una persona que domina un conjunto de técnicas, sino que, dominándolas, sabe hacer uso de ellas desde los principios y valores propios de la profesión, pero que también influyen la ética de las organizaciones y de las instituciones sanitarias (Cortina, 2002), porque puede suceder que los profesionales de la salud se encuentren imposibilitados por la estructura de la organización hospitalaria en la que trabaja y de la institución político-sanitario de la que depende. 

De ahí que resulte muy importante la institucionalización de la bioética, porque ha permitido el desarrollo que ha tenido actualmente en nuestro país y en el mundo entero, gracias a la creación de los Comités Hospitalarios de Bioética y de los Comités de Ética en Investigación a nivel hospitalario, a nivel estatal por las Comisiones Estatales y a nivel federal por la Comisión Nacional de Bioética. En el ámbito de la bioética clínica su éxito se ha dado gracias a estos Comités, a la elaboración de una eficaz metodología y a la implementación de una propuesta de formación de los profesionales de la salud, de educación en el diálogo social, académico y profesional (León, 2009).

El alcance que tiene la bioética en la actualidad se ha dado gracias a la intervención de personajes que han aportado sus conocimientos y de sucesos importantes que se han dado a través de la historia, tales como los crecientes problemas éticos y morales que el avance de la medicina, la ciencia, la investigación y la tecnología, así como a las implicaciones bioéticas en la práctica de los prestadores de servicios de salud y la investigación, y con la intervención del hombre sobre la vida en general. Lo que según Mounier nos enfrenta a la necesidad de valorar el componente moral de las relaciones del profesional de la salud con los que solicitan sus servicios y con la sociedad en general (1989), así como su relación con la propia institución. 

En principio, esto significa que las organizaciones de salud deben ser éticas, pero también deben estar inmersas en el ámbito de la moralidad (Cortina, 2002). Porque tiene que ver con los humanos. El cuidado de la salud es una disciplina que requiere de prudencia (virtud moral) y de un fiel compromiso con la vida (Sgreccia, 1996), tomando en cuenta que la aplicación de cualquier conocimiento científico puede tener consecuencias irreversibles en la humanidad, por lo que debe existir un control de licitud, como la bioética lo intenta desde los comités, las comisiones estatales y nacionales, en un plano valorativo y normativo, para discernir la licitud de la intervención del hombre sobre la vida, la salud (Ruiz,1976). Esto nos lleva a reconocer un pensamiento ético, desde una filosofía de solidaridad con la humanidad, con la naturaleza, y con nosotros mismos (Kapstein, 1995).

Desarrollo

En los años setentas surge este pensamiento y se ha fortalecido con el paso de los años, sin embargo sabemos que estas normas de conducta ética y moral en busca del bien común nacen desde la época de Hipócrates, con el Juramento Hipocrático, dirigido a los que se dedicaban a curar, pero lo retoma Potter para regular el uso del conocimiento y garantizar la supervivencia, como un puente entre las humanidades y la ciencia de la medicina, haciendo énfasis en la deshumanización y la despersonalización del profesional de la salud ante su paciente (Quintanas, 2009).
Es verdad que las instituciones y organizaciones se componen por personas, pero también es cierto que están compuestas por reglas, políticas y procesos, que en conjunto llevan a tener ciertos resultados y también ciertas responsabilidades, ya sea de producción, de hacer dinero o de satisfacer necesidades.  Estas beben de actuar de acuerdo con los objetivos por las que fueron creadas y de su ética, que son hábitos y convicciones de la gente, de la organización y de la institución (Cortina, 2002).  La ausencia de calor humano en los servicios de salud, ha propiciado en algunos casos el abuso económico, el físico, el engaño, la indiscreción, el abandono, la desconfianza y la discriminación de los pacientes (Kuthy, 2002), por lo que actualmente surge la necesidad de una perspectiva universal en ética de salud, se habla de “humanización de la medicina”, en el que se pretende enfatizar la relación intersubjetiva entre el paciente y el personal de salud, que consiste en el reconocimiento de la dignidad de la persona, en todo sujeto humano, desde el momento mismo de su concepción hasta el momento de su muerte. (Andino, C .2015). Reconociendo al paciente como un agente ético, con la misma jerarquía, y que el equipo de salud tiene una responsabilidad profesional y moral sobre el más vulnerables, en este caso el paciente, con la conciencia de que su tarea principal es favorecer su salud, por lo que la humanización de la medicina debe ser un pilar fundamental sobre la cual se sostiene todo el currículo, los contenidos, habilidades y actitudes en la formación del profesional de la salud (Castro, L. Guert, I, otros 2019). 

En el proceso de la atención a la salud se realizan acciones y se toman decisiones desde el paciente, el médico tratante, el familiar, la institución y la sociedad,  todo esto en un ámbito ético y humano, buscando calidad y calidez. El personal que participa en una Institución de Salud, debe tener como propósito servir a la persona, luchar contra su enfermedad, aliviar su sufrimiento y conservar su salud, con un sentido de responsabilidad profesional, a efecto de respetar los derechos humanos, procurando siempre la beneficencia y la justicia, respetando la autonomía y dignidad de la persona humana y evitar la maleficencia, incluyendo el deber social de disponer y utilizar los recursos con responsabilidad (Ordaz,1977) (Andino, 2015). La bioética delibera sobre los valores y principios aplicados a las prácticas de la atención a la salud, reflexionando sobre los principios de autonomía, de beneficencia, no maleficencia y de justicia, para proteger la dignidad de las personas y su calidad de vida (Andino, 2015). 

El ejercicio de la medicina ha cambiado de manera importante, desde los tiempos hipocráticos, o la época de Galeno y más reciente del Dr. Ignacio Chávez, que se referían a la moral que debería tener el médico (1977).  Actualmente se está pasando por una crisis profesional, existe una cierta separación entre la práctica médica y la ética, por lo que se busca rescatar los aspectos morales y éticos, seguir fortaleciendo la formación en bioética y crear una guía de conducta en el ejercicio profesional, basada en el humanismo y el reconocimiento de los derechos humanos y de los valores institucionales, que permita que las actividades se desarrollen en un ambiente de bien común, tomando a la Bioética como sinónimo de calidad de la atención. Identificar los principales problemas de conducta en el ejercicio profesional de la salud, así como señalar sus obligaciones morales y de trato al prestar sus servicios. El personal médico es el encargado de buscar la solución individual de los problemas de atención a la salud de los pacientes que soliciten su servicio, desarrollado en un ambiente de respeto, cordialidad, libertad y responsabilidad compartida, con base a una bioética cotidiana institucional (Ovalle, C.2017). 

Las instituciones están formadas por personas, que tienen que realizar acciones y tomar decisiones, y estos sujetos morales se preguntarían: ¿qué deben hacer? ¿Cómo lo deben hacer? ¿qué es lo correcto o lo incorrecto? y dependiendo de las circunstancias deben tomar decisiones en las cuales se ponen en juego sus valores (Ramiro, M.A.,2013). En ocasiones asumimos que todos conocen sus responsabilidades en sus áreas de trabajo y que por eso deben cumplirlas, que conocen los fines y sus obligaciones, sin embargo, en ocasiones  dejan de cumplirlas responsablemente, porque sus actitudes, conductas y formas de trabajo no están claras o porque no se han creado las condiciones para que el personal responda de acuerdo con lo que se espera de él o porque su ética profesional así se lo permite. Tomar decisiones repercute en el profesional de la salud, en su paciente, en la propia institución, en la distribución de los recursos públicos y en la sociedad en su conjunto (Ramiro, M.A., 2013). Por lo que es necesario establecer un programa educativo en bioética y en valores institucionales, que permita identificar a nivel asistencial, gerencial y político las necesidades de capacitación en desarrollo humano y en bioética, para incentivar un cambio de conducta y de actitud ante las acciones cotidianas del trabajo. Una intervención educativa orientada a fortalecer los valores personales e institucionales a través de la formación bioética. 

En el Estado de México no se han hecho estudios sobre la importancia de los valores organizacionales en relación a la calidad en el desempeño, de acuerdo a observaciones empíricas hemos visto que a pesar de que en algunos programas se le ha apoyado tanto en infraestructura como en capacitación para el desempeño no se ha impactado de manera importante, porque hace falta intervenir en el aspecto humano de la institución. Desafortunadamente el estilo de vida contemporáneo ha olvidado el significado de la persona, se ha perdido el componente moral en las relaciones laborales, del prestador del servicio con el paciente, la familia, los colegas y de la sociedad en sí, siendo esto una crisis de valores humanos en el campo de la medicina (Ruiz,1976).

Es necesario crear una guía de conducta en el ejercicio profesional, con el fin de resolver conflictos en la prestación de los servicios, adquirir estilos adecuados en el trato personal, propiciando en los participantes una cultura de comportamiento y actitud positiva, en un ámbito de una bioética cotidiana institucional. (Vielva, J., 2007). Dotando, paralelamente, de herramientas para discernir y determinar la cultura del bien común, a efecto de respetar los derechos humanos, procurar siempre la beneficencia y la justicia, respetando la autonomía y dignidad de los pacientes y/o persona humana y evitar la maleficencia con los enfermos y con los seres vivos en general (Ruiz, M.1976),  incluyendo el deber social de disponer y utilizar los recursos con responsabilidad, en una justa distribución y en su utilización. Basada en una bioética personalista, tomando a la bioética como sinónimo de calidad y de responsabilidad profesional. 

Sabemos que la ausencia de calor humano en los servicios de salud, ha propiciado en algunos casos el abuso económico, el físico, la indiscreción, el abandono, la desconfianza y la discriminación de los pacientes, por lo que actualmente surge la necesidad de una perspectiva universal en ética de salud, se habla de “humanización de la medicina”, en el que se pretende enfatizar la relación intersubjetiva entre el paciente y el personal de salud, que consiste en el reconocimiento de la dignidad de la persona, en todo sujeto humano, desde el momento mismo de su concepción hasta el momento de su muerte. (Andino, C .2015). Reconociendo al paciente como un agente ético, con la misma jerarquía, y que el equipo de salud tiene una responsabilidad profesional y moral sobre el más vulnerables, en este caso el paciente, con la conciencia de que su tarea principal es favorecer su salud, por lo que la humanización de la medicina es un pilar fundamental sobre la cual se sostiene.

Bibliografía

-Andino, C . (2015). Bioética y humanización de los servicios asistenciales en la salud. Revista colombiana de bioética, vol. 10, núm. 1. 

-Castro, L. y Guert, I. et alt. (2018). Humanizar la medicina: un desafío conceptual y actitudinal. Rev. IberoamBioet.  https://www.ncbi.nlm.nih.gov › articles › PMC6934261

doi:  10.14422/rib.i08.y2018.002

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-Hincapié, J. y Medina, M. (2019). Bioética: teorías y principios. 1era Edición digital. Universidad Autónoma de México. Acceso el 3 de septiembre de 2022
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-Kuthy, V., Tarasco, M. y Yamamoto (2002). Introducción a la Bioética, Méndez Editores, México 

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-ORGAZ, Jorge. El humanismo en la formación del médico. Buenos Aires: Losada, 1977

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-Ruiz, M. (1976). Ética Médica con orientación Personalista, Ed. ECA, México D.F. 

-Sgreccia, E. (1996). Manual de Bioética. Universidad Anáhuac, Edit. Diana, México, Consultado en Revista Universidad Anáhuac. Tarasco M. http://www.anahuac.mx

-Simón P. (2006). Ética de las organizaciones sanitarias. San Sebastián: Triacastela. Salud Publica, 33,287-293.

– Vielva, J. (2007) Ética de las Profesiones. 2a Edición. Bilbao. Desclée.  

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